¿Prohibir las “terapias antihomosexualidad”?

Por Simón Itunberri

0017907256El 5 de diciembre de 2016 el parlamento de Malta, con el apoyo unánime de todos los partidos, ha aprobado una ley que penaliza a quien intente “cambiar, reprimir o eliminar la orientación sexual, la identidad de género y la expresión de género”. Quienes lleven a cabo terapias de “cura de la homosexualidad” podrían ser penalizados con multas de hasta 9.300 euros y una condena a prisión de hasta un año.

La ley también decreta que “ninguna orientación sexual, identidad de género o expresión de género constituye un trastorno, enfermedad o defecto de ningún tipo” y reduce a los 16 años la edad mínima con la que una persona puede solicitar un cambio de género sin la aprobación de sus padres (El Diario, 8.12.16).

Este tipo de medidas legislativas, que también existen en algunos estados de Estados Unidos, se aplican para afrontar casos como los de menores de edad que han sido presionados por sus padres a someterse a tratamientos de este tipo sin desearlo, o los de personas que, convencidas de que su orientación sexual era patológica, se han sometido a estos tratamientos que les han provocado trastornos psicológicos graves o incluso las han llevado al suicidio. Se alega que el propio hecho de creer que la homosexualidad es una patología es dañino y por tanto debe ser prohibido, porque contribuye a culpabilizar a los gays, y a que algunos de estos traten de revertir su orientación sexual, algo que, según la concepción dominante, es imposible. De acuerdo con esto, la única opción de la persona homosexual es asumir su orientación como natural e inevitable y vivir en conformidad con ella.

Los casos de trastornos y suicidios como consecuencia de someterse a estas terapias son insoslayables. Ahora bien, ¿es acertado luchar contra esta realidad mediante leyes punitivas? Plantearé la cuestión principalmente en forma de preguntas, porque creo que el asunto es delicado y no puede darse por cerrado:

1. La historia de la represión de los homosexuales en la mayoría de las culturas y épocas es tan truculenta que resulta comprensible que una sociedad democrática trate de evitar cualquier discriminación o rechazo a este colectivo; además la persistencia de la homofobia hace necesarias medidas de protección a gays y lesbianas.

2. La homosexualidad no es un asunto cerrado desde el punto de vista científico. Por ejemplo, a la hora de explicarla los investigadores otorgan diferente peso a los factores genéticos y los ambientales. Y aunque la mayoría de los homosexuales lo siguen siendo de por vida desde el momento en que descubren su atracción hacia personas de su mismo sexo, también es cierto que hay quienes viven durante un tiempo con dudas sobre su auténtica orientación sexual, y quienes tras tener algunas experiencias homosexuales llegan a la conclusión de que fue algo episódico que no respondía a su verdadera orientación. Incluso hay personas cuya orientación cambia a lo largo de la vida. Teniendo en cuenta todas estas realidades, ¿es apropiado hacer leyes que establecen una concepción cerrada de la orientación sexual, y penalizar a quien discrepe de ella?

3. ¿Qué es y qué no es una terapia para “curar” la homosexualidad? Consideremos el caso hipotético de una persona que tiene inclinación hacia las personas del mismo sexo, pero no acaba de tener la convicción de ser homosexual. Imaginemos que acude al psicólogo y con ayuda de este trata de aclarar sus sentimientos. Con una ley como la de Malta, ¿podría un terapeuta ejercer libremente su profesión y ayudar al paciente de una manera convenida por ambos?

4. Imaginemos que este hipotético paciente dubitativo finalmente acaba definiéndose como heterosexual y lleva una vida normal como tal. Si alguien tuviera conocimiento de la atención profesional que ha recibido esta persona, ¿podría denunciar al terapeuta por haberle “curado la homosexualidad”?

5. Si se penaliza a quienes aplican “terapias antihomosexualidad”, ¿se llegará a penalizar también a quienes consideren que la ley es injusta y defiendan (por ejemplo, en la prensa) que este tipo de terapias pueden ser correctas bajo ciertas condiciones?

6. Si un homosexual no está satisfecho con su orientación y busca activa y ostensiblemente a un profesional que le ayude a dejar de ser homosexual, ¿podría llegar a ser sancionado también por promover la culpabilización de los demás homosexuales?

7. Cuando una persona se declara transexual (o transgénero), no solo se acepta que es él o ella quien debe decidir cuál es su identidad, sino que hoy en día se tiende a proporcionar el apoyo sanitario público necesario para que cambie su físico en función de ello. En estos casos se entiende que la identidad percibida subjetivamente debe respetarse y que ello no supone ninguna amenaza a las personas que no se consideran transgénero. ¿Por qué no se puede respetar que haya homosexuales que sinceramente quieren dejar de serlo y buscan ayuda para ello?

8. Durante siglos se ha perseguido y reprimido a los homosexuales no solo porque su orientación se consideraba pecaminosa, sino porque también se creía que podían “contaminar” al resto de la sociedad; se les veía como una amenaza y se les atribuía infinidad de males psíquicos y sociales. Por otro lado, hoy en día uno de los argumentos de los sectores conservadores en contra del matrimonio homosexual es que “devalúa” el matrimonio heterosexual, y por tanto constituye una amenaza (a esto último se suele responder que el que los gays se casen no prohíbe ni obliga a nada a los heterosexuales). Siguiendo estos planteamientos, ¿no nos estaremos yendo al otro extremo al considerar que el homosexual que prefiere no serlo es una amenaza para los demás homosexuales? ¿Acaso la opción personal de uno obliga a otros a que sigan su camino?

9. Cada vez que una persona que sigue un tratamiento psicológico o psiquiátrico y acaba con trastornos, o suicidándose, ¿este desenlace es achacable al uso de técnicas inaceptables por parte del terapeuta? ¿O solo es achacable cuando se trata de cuestiones de identidad sexual?

10. Si en algún caso un terapeuta somete a sus pacientes a tratamientos que les resultan claramente lesivos, es lógico que el afectado pueda denunciarlo. Pero, ¿realmente hace falta una legislación prohibicionista como la de Malta? Ante un asunto tan complejo y delicado, y que en definitiva afecta a una de las dimensiones más profundas de la identidad humana, ¿la solución está en leyes de trazo grueso?

@SItunberri / situnberri@gmail.com
Disponible también en Religión Digital.

Fuente de la imagen: elenalorenzo.com.
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1 comentario en “¿Prohibir las “terapias antihomosexualidad”?”

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