Aproximación a los musulmanes

Por Simón Itunberri

Musulmanas españolas (Isa, Diagonal, 2.4.15)Una parte significativa de las sociedades occidentales tiene una percepción negativa de los musulmanes, especialmente desde los atentados en Nueva York y Washington del 11 de septiembre de 2001. Se les atribuye simpatía hacia el terrorismo “islamista” (si no se les considera directamente terroristas, o terroristas en potencia), y se cree que quieren imponer “sus costumbres” en los “países cristianos”. Circulan predicciones demográficas según las cuales el porcentaje de musulmanes en Europa iría creciendo en los próximos años, de modo que en nuestros países se impondría una “agenda islamista” que acabaría con la democracia.

Esta percepción está basada en asunciones totalmente simplistas sobre lo que son el islam y quienes lo practican. Muchos creen que los musulmanes son un colectivo uniforme en sus creencias, costumbres y prácticas, y atribuyen a todos ellos ciertos rasgos observados en unos pocos, normalmente no por el contacto directo con personas musulmanas, sino recibidos a través de los estereotipos difundidos en los medios de comunicación.

Cualquiera que se proponga hablar o escribir sobre los musulmanes debe en primer lugar informarse sobre ellos y ellas. Y lo primero que hay que saber es que es un colectivo de más de mil millones de personas en el que existe una diversidad tan grande como la que puede haber, por ejemplo, entre los cristianos (claro que muchos también ignoran que la cristiandad abarca una variedad de corrientes que van desde los tradicionalistas católicos hasta los progres interconfesionales, desde la teología de la liberación hasta la “derecha cristiana”, desde los pacifistas bíblicos hasta el Ku Klux Klan, desde la teología de la prosperidad hasta quienes trabajan por la promoción de los excluidos, etc.).

Bert de Ruiter ofrece en este artículo y en este otro una panorámica de las distintas formas de ser musulmán en Europa (creo que puede extenderse a los musulmanes de Occidente en general). Él identifica once modalidades; no pretende hacer una clasificación cerrada (en general, no existen los “tipos puros”, ni en religión ni en ninguna otra dimensión de la persona), sino mostrar la gran heterogeneidad existente en el colectivo. Según Ruiter, existen musulmanes exaltados, convertidos, “modernos”, críticos, populares, fundamentalistas, liberales, progresistas, reformistas y seculares, además de los ex musulmanes. Leyendo los rasgos de cada uno de estos grupos, cualquiera puede comprobar que muchos de ellos se alejan por completo de los estereotipos dominantes.

Antes de opinar sobre cualquier tema, conviene buscar información sobre el mismo en diferentes fuentes, favorables y desfavorables, y no limitarse a lo que dicen escritos o vídeos panfletarios de una orientación muy concreta.

Pero, ante todo, es imprescindible tener trato personal con las personas implicadas, en este caso las musulmanas, a ser posible de diferentes corrientes. Cuando uno convive con un colectivo, comprando en sus tiendas, hablando con ellos en el patio del colegio de sus hijos, colaborando en ONG, interactuando en las redes sociales, incluso visitando sus lugares de reunión (hay mezquitas que organizan visitas o jornadas de puertas abiertas)… ya no ve a los musulmanes (o el grupo que sea) como una masa abstracta, sino que ve los rostros de personas concretas, con sus virtudes y sus defectos, con aspectos que no nos gustan y que quizá están ligados a su religión o su cultura, pero también aspectos positivos que tienen ese mismo origen.

Tristemente, en el espacio público y en las redes sociales observamos una y otra vez que muchos acompañan la crítica a una ideología o una creencia (algo legítimo, incluso necesario en una sociedad libre) con la descalificación de las personas que la sostienen (algo inaceptable). Es urgente fomentar una corriente de opinión que contribuya a distinguir nítidamente entre la crítica a un sistema de ideas o de creencias, y la actitud hacia las personas con esas convicciones. Las personas más concienciadas debemos poner en práctica el principio: “Rechazo tus ideas, pero no por ello te faltaré el respeto; creo que estás equivocado, pero te acepto por tu condición de ser humano igual a los demás en dignidad”.

Aplicándolo al tema que nos ocupa: uno, desde sus convicciones personales y los conocimientos adquiridos, puede tener en conciencia una opinión negativa del islam y del Corán, pero no por ello debe incurrir en islamofobia (rechazo a las personas musulmanas). Tiene que ser posible dialogar con otros razonando con datos y argumentos sin por ello faltarles el respeto.

Igualmente, hay que promover que las minorías no respondan con la misma moneda, sino que con paciencia, firmeza y dignidad expongan quiénes son y cuáles son sus convicciones. Una tarea difícil, pues es propio de la naturaleza humana reaccionar al insulto o la agresión con más descalificaciones.

He desarrollado este asunto centrándome en los musulmanes y la islamofobia, pero creo que estos principios se deberían aplicar en nuestra relación con cualquier colectivo, especialmente cuando se trata de minorías, que siempre tienen el inconveniente de ser poco conocidas, y como tales objeto preferente del prejuicio y el rechazo.

Imagen de Isa, ‘Diagonal’, 2 de abril de 2015.

@SItunberri / situnberri@gmail.com

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5 comentarios en “Aproximación a los musulmanes”

  1. El problema es que los musulmanes progresistas son muy pocos frente a los musulmanes reaccionarios, lo cual quizá se deba a que la revelación islámica (Corán y Hadiz) es más abiertamente teocrática que la revelación cristiana (Nuevo Testamento).

    En el diario ‘El País’ de ayer, un islamólogo francés decía que “En Egipto hay alrededor de 35.000 presos políticos. De estos, sólo unos 50 son progresistas”. Casi todos los periodistas occidentales presentaban los tumultos de la “primavera árabe” como una lucha por la libertad, pero lo cierto es que se trató más bien de lo contrario: fue una revuelta teocrática islamista.

    Según el centro Pew, antes de que termine el presente siglo el islam será la religión con más fieles del planeta, por encima del cristianismo. Los valores ilustrados (las libertades individuales) están en grave peligro.

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  2. El Nuevo Testamento es radicalmente antiteocrático (otra cosa es la manipulación histórica que se ha hecho de él).

    No la pongo en duda, pero no sé de dónde se habrá sacado ese islamólogo una estadística tan precisa de un fenómeno complejo. Y el que esos supuestos 35.000 no sean progresistas no necesariamente quiere decir que sean teocratistas.

    La “primavera árabe” tuvo un componente auténtico de exigencia de libertades civiles y públicas, sobre todo por parte de la juventud de esos países; pero, efectivamente, el principal componente no solo era “islamista”, sino sobre todo respondió al modelo de “revoluciones de colores” que la CIA viene promoviendo desde hace años en lugares como Ucrania (con el correspondiente golpe otanista apoyado por los nazis seguidores de Stepan Bandera). En el caso de los países árabes, los frutos buscados y logrados han sido desestabilizar y destruir países molestos como Libia (donde además se gestó el embrión del Daesh, instrumento imperial-sionista) y Siria.

    Todo fanatismo pone en peligro las libertades individuales de raigambre ilustrada, que están amenazadísimas y seguramente se irán extinguiendo mucho antes de fin de siglo. Desde luego, el fanatismo de tipo religioso (islamista y otros), pero también el fanatismo liberticida de los que recortan impunemente las libertades en Occidente (leyes PATRIOT y de Tribunales Militares en EEUU, Ley Mordaza en España, estado de excepción permanente en Francia…); quienes realizan libremente ejecuciones “selectivas” por todo el planeta, despliegan una red de cárceles y centros de tortura, secretos, o no secretos (Guantánamo)…

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  3. El Nuevo Testamento es radicalmente antiteocrático

    Yo no estaría tan seguro. El Nuevo Testamento le atribuye a Jesús las siguientes palabras: “Mas a aquellos mis enemigos, que no querían que yo reinase sobre ellos, traédlos acá, y degolládlos delante de mí.” (Lucas 19,27).

    La “primavera árabe” tuvo un componente auténtico de exigencia de libertades civiles y públicas

    Cierto, pero ese “componente” era muy minoritario, ¿no? Apelar a un componente tan minoritario para definir la índole de un levantamiento popular es el espejismo en el que cayó gran parte de la prensa occidental.

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  4. No hay más que leer el texto en su contexto para comprobar que es una parábola de Jesús en la que habla de unos siervos que son juzgados por su infidelidad; simboliza claramente la perdición en el juicio final. Solo una mente muy retorcida e ignorante podría creer que Jesús está defendiendo ahí ningún tipo de “teocracia”.

    Por supuesto que ese componente era minoritario; pero creo que merece la pena mencionarse porque en esos países hay gente sincera que quiere libertad. En cualquier caso, lo que yo destacaba y desarrollaba era cómo esos movimientos están teledirigidos.

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