¿Son fiables las vacunas contra la covid-19?

Por Simón Itunberri

vacunaTodas las autoridades políticas, la inmensa mayoría de las autoridades sanitarias y los principales medios de comunicación apoyan la inyección masiva de la población con las vacunas contra la covid-19 que se están aprobando a finales de 2020. Igualmente, un gran porcentaje de la población espera que estas vacunas sean la solución definitiva a la pandemia. Pero también hay una parte de la ciudadanía, variable según países, que no desea ponerse la vacuna, movidos por diversas razones: desde argumentos sanitarios hasta teorías conspirativas de lo más variado.

Frente a las especulaciones, las ilusiones fomentadas por la necesidad de un remedio o los bulos, lo importante es atenerse a los hechos y sacar conclusiones de ellos. A continuación ofrezco una recopilación de datos probados, así como de análisis y opiniones de expertos, muchos de los cuales son partidarios de la idea de que es necesario vacunar a la población contra el coronavirus SARS-CoV-2.

1. ¿Qué problemas plantean las vacunas contra la covid-19?

A principios de diciembre de 2020 el que fuera jefe científico y vicepresidente de investigación respiratoria y de alergias de Pfizer, Michael Yeadon, y el especialista en neumología y parlamentario alemán, Wolfgang Wodarg, presentaron una solicitud urgente ante la Agencia Europea de Medicina pidiendo la suspensión inmediata de todos los estudios de la vacuna contra el SARS-CoV-2, en particular la desarrollada por Pfizer «hasta que esté disponible un estudio de diseño que aborde una serie de preocupaciones serias de seguridad, expresadas por un cuerpo creciente de científicos de renombre que se muestran escépticos sobre la rapidez con la que se están desarrollando las vacunas».

Y añaden: «Sobre la base de las diferentes pruebas de PCR de calidad muy variable, no se puede determinar con la certeza necesaria ni el riesgo de enfermedad ni un posible beneficio de la vacuna, por lo que probar la vacuna en humanos no es ético en sí mismo».

Según Wodarg y Yeadon, «la duración demasiado corta del estudio no permite una estimación realista de los efectos tardíos. Como en los casos de narcolepsia posteriores a la vacunación contra la gripe porcina, millones de personas sanas estarían expuestas a un riesgo inaceptable si se otorgara la aprobación de emergencia solicitada por Pfizer el pasado 1 de diciembre».

Cabe la posibilidad de que las vacunas produzcan anticuerpos contra algunas proteínas del SARS-CoV-2 homólogas a la sincitina, que son esenciales para la formación de la placenta en mamíferos como los humanos. Si así ocurriera, «podría provocarse la infertilidad indefinida en mujeres vacunadas».

Además, las vacunas de ARNm de Pfizer-BioNTech contienen polietilenglicol (PEG). El 70% de las personas desarrollan anticuerpos contra esta sustancia; esto significa que muchas personas pueden desarrollar reacciones alérgicas potencialmente mortales a la vacuna.

José M. Jiménez Guardeño y Ana M. Ortega-Prieto, investigadores del King’s College de Londres, defienden la idea de que es necesario encontrar una vacuna como solución a la covid-19. Pero en un artículo de octubre de 2020 advertían aun así de que «no hay garantías de que se vaya a encontrar en un futuro cercano una vacuna lo suficientemente buena como para parar la pandemia» y consideraban que «tener en mente un plan B en el que no haya vacuna es un ejercicio necesario de responsabilidad y transparencia». Según ellos, el proceso normal para hacer una vacuna es de entre 10 y 15 años. Además «una vacuna puede estar muy bien diseñada, ser segura, proteger al 100% en modelos animales e inducir una respuesta inmune fuerte y anticuerpos neutralizantes, pero ofrecer un nivel de protección mucho más bajo del esperado cuando se prueba en humanos».

Recordaban que en 1984, cuando se identificó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como el responsable del sida, se dijo que la vacuna estaría disponible en un plazo de dos años. Hoy, 36 años después, todavía no hay vacuna. Hay que tener en cuenta que a veces, «por mucho que se busque, no se encuentra la manera de desarrollar una vacuna efectiva» y «hasta el momento no hay ninguna vacuna disponible para ninguno de los otros coronavirus que afectan a humanos».

Entre los efectos adversos puede tener lugar una infección dependiente de anticuerpos (ADE), «una reacción no deseada en la que la generación de anticuerpos frente a un agente infeccioso, por ejemplo usando una vacuna, da lugar a síntomas mucho peores. Esto se traduce en que la enfermedad se vea potenciada en caso de infección por el virus. Los mecanismos de ADE son aún muy poco conocidos». La ADE es bastante infrecuente, pero «se ha descrito en otros coronavirus». (Sobre este punto, Yeadon y Wodarg señalan que el ADE se conoce desde hace mucho tiempo a partir de experimentos con vacunas contra otros coronavirus en gatos. En el curso de estos estudios, todos los gatos que inicialmente toleraron bien la vacuna murieron después de contraer el virus).

Según Jiménez y Ortega-Prieto, otro aspecto a tener en cuenta es que no existe ninguna enfermedad viral respiratoria descrita en la que no se produzcan reinfecciones. Además, hasta el momento no se ha comercializado ninguna vacuna genética para humanos, «por lo que su eficacia está aún por comprobar».

Por otro lado, hay que tener en cuenta que «proteger a los adultos mayores de 60 años de la covid-19 es una de las metas más importantes de los investigadores. El principal problema es que, a medida que vamos envejeciendo, nuestro sistema inmune se vuelve menos eficiente y las vacunas son menos eficaces».

Finalmente, se están distribuyendo vacunas de tercera generación, vacunas génicas, cuyos efectos a medio-largo plazo todavía no están suficientemente probados. Inyectarlas a toda la humanidad, como pretende el complejo industrial-sanitario del Big Pharma, podría tener efectos imprevistos y masivos.

2. ¿Qué efectos adversos tienen las vacunas contra la covid-19?

Durante las pruebas de las vacunas que ya se están inyectando o que están a punto de distribuirse se han detectado efectos negativos sobre los voluntarios.

La Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha alertado de que cuatro voluntarios de los ensayos clínicos de esta vacuna han sufrido parálisis de Bell los días 3, 9, 37 y 48 después de aplicarse la dosis. Esta afección paraliza la mitad del rostro durante un periodo que varía entre las 2-3 semanas y los seis meses en los peores casos. La FDA afirma que no hay evidencias científicas de que la aparición de esta afección esté relacionada con la vacuna (10.12.20). ¿Resulta creíble?

Un voluntario sometido a las pruebas de la vacuna elaborada por el Instituto Serum de la India ha demandado a esta institución por sufrir una encefalopatía y otros graves efectos.

El informe de Pfizer de diciembre de 2020 indica (pág. 50) que durante los ensayos murieron seis personas: dos habían recibido la vacuna y, curiosamente, los otros cuatro recibieron un placebo. Los dos primeros eran participantes del grupo de mayor edad: uno experimentó un evento adverso grave de arteriosclerosis y murió tres días después de la primera dosis y el otro sufrió un paro cardíaco sesenta días después de la segunda dosis y murió tres días después.

El doctor Pedro Cavadas también ha advertido de que, al no haberse esperado el tiempo suficiente para probar las vacunas, estas tendrán efectos adversos imprevistos sobre la población a la que se le inyecte.

El informe “Cartilla sobre riesgos adversos debido a vacunas no completamente probadas” recopila y documenta un amplio listado de esos riesgos.

3. ¿Son buenas las prisas por aprobar una vacuna?

Ken Frazier, presidente y CEO del principal productor de vacunas del mundo, el gigante farmacéutico Merck & Co, declaraba en julio de 2020: «Creo que el récord de la vacuna más rápida jamás lanzada al mercado lo tiene Merck con la vacuna contra las paperas. Tomó cerca de cuatro años. Nuestra vacuna más reciente para el ébola tomó cinco años y medio. ¿Y por qué se tarda tanto? En primer lugar, hay que hacer una evaluación científica rigurosa. Y en este caso ni siquiera entendemos el virus en sí o cómo el virus afecta al sistema inmune. […] Lo que más me preocupa es que el público está tan hambriento, tan desesperado por volver a la normalidad, que nos empuja a hacer las cosas cada vez más rápido

«En el pasado hemos tenido muchos ejemplos de vacunas que han estimulado el sistema inmunitario, pero que en última instancia no confieren protección. Y desafortunadamente, hay casos en que estimuló el sistema inmunitario y no solo no confirió protección, sino que también ayudó al virus a invadir la célula porque era incompleta, en términos de sus propiedades inmunogénicas. Tenemos que ser muy cuidadosos.»

«En el último cuarto de siglo, a nivel mundial, solo se han introducido siete vacunas verdaderamente nuevas en la práctica clínica. Cuando digo nuevas, eso significa que fueron efectivas contra un patógeno para el que previamente no había habido vacuna. […] Intentamos vacunarnos contra el VIH desde la década de 1980 y no hemos tenido éxito. […] Con la gripe porcina la vacuna hizo más daño que bien. No tenemos mucha experiencia de introducción rápida de vacunas en medio de una pandemia.»

Los gobiernos europeos han presionado a la Agencia Europea del Medicamento para que adelantara la aprobación de la vacuna, como si los plazos necesarios para algo tan trascendente no tuvieran relevancia, como si el hecho de declarar apto un medicamento automáticamente lo convierta en seguro. Si los límites y controles fijados anteriormente pueden modificarse, ¿para qué se pusieron? Todo este proceso ha estado caracterizado por la ansiedad, el miedo, la precipitación y los intereses, por encima de la normativa establecida, las garantías, la seguridad y la salud. Parecería que todos, empezando por las autoridades sanitarias, están dominados por la convicción irracional de que como necesitamos la vacuna, esta tiene que estar disponible, a pesar de que todo indique lo contrario.

Fernando García, epidemiólogo y presidente del Comité de Ética de la Investigación del Instituto de Salud Carlos III, es partidario de una vacuna contra la covid-19, pero a la vez comunica no pocas prevenciones sobre la forma en que se está gestionando el asunto. Reconoce que «falta información de primera mano» para hacer una evaluación de las vacunas: «Sabemos que son muy eficaces por las notas de prensa de las compañías farmacéuticas, pero no hay información publicada en las revistas científicas». Los ensayos realizados permiten conocer la seguridad de la vacuna en el corto plazo y los efectos adversos frecuentes, pero «se desconocen los infrecuentes», y eso solo se sabrá cuando el fármaco se administre a cientos de miles de personas. «Nos dicen que hay pocos efectos adversos pero –insiste– me gustaría conocerlo de primera mano, es decir, mediante publicaciones científicas».

García considera que la carrera por lograr una vacuna contra la covid «no justifica atajos éticos». «Se está vendiendo que son la varita mágica que va a eliminar la covid, puede que sí y puede lo contrario», añade. Recuerda que esta es una situación inédita. La vacuna que menos tardó en desarrollarse fue la del ébola «y se necesitaron cinco años. Ahora en menos de un año tenemos vacunas ensayadas y a punto de entrar en el mercado.»

Recordemos que en el pasado ha habido medicamentos no suficientemente probados que han provocado desgracias en miles de personas, como la talidomida: se introdujo en el mercado farmacéutico en 1957 como sedante y en 1961 se descubrió que producía graves malformaciones en recién nacidos. «En Estados Unidos el número de casos comenzó a ser tan alarmante que el fármaco fue retirado de muchos países antes de finalizar el año. Aun cuando el laboratorio cuestionó inicialmente la relación causal, la evidencia era contundente: más de 10.000 niños de Europa, Asia y Oriente Medio nacieron con importantes efectos teratógenos tras la toma del medicamento por sus madres durante la gestación». Este escándalo determinó que a partir de entonces los controles sobre los medicamentos en fase de pruebas se hicieran más estrictos y los plazos se alargaran; pero precisamente la excepcional situación actual de pandemia está haciendo que estos controles se hayan relajado y los plazos se hayan reducido alarmantemente, como explicamos en el punto 9.

«La farmacéutica que consiga dar con la tecla en primer lugar se habrá ganado un lugar “de honor” en los anales de la Historia (y una abultada cuenta en el banco). Y por eso en esta carrera por “la vacuna a cualquier precio” algunos laboratorios no solo tratan de ir rápido, sino que pretenden ser el primero cueste lo que cueste» (Salud, Nutrición y Bienestar, 17.12.20).

4. ¿Ha habido suficiente tiempo para probar las vacunas?

El 24 de noviembre de 2020 el doctor Pedro Cavadas advirtió de que se ha generado demasiada euforia alrededor de estas vacunas, especialmente desde el Gobierno y desde el Ministerio de Sanidad: «Una vacuna en fase 3 quiere decir que se está empezando para tener una vacuna dentro de unos años». Hay que analizar la efectividad que pueda tener en la lucha contra una determinada enfermedad y después esperar para ver si la vacuna genera algún tipo de efecto adverso en los voluntarios que se la ponen. «Si queremos algo seguro pasará mucho tiempo. Si queremos algo rápido habrá que aceptar que van a aparecer síntomas adversos», ya que hasta ahora ha habido muy poco tiempo para observar qué efectos tienen las vacunas sobre las personas que se la ponen más allá de saber si se contagian o no de la enfermedad. «La realidad es que una vacuna, para que esté, siendo realista, antes de un par de años, no me la creo.»

En este vídeo del 14 de noviembre, en los minutos 6:30-8:10 el virólogo Estanislao Nistal-Villán (que no es contrario a la vacuna) explica algunos de los problemas que plantea una vacuna producida tan rápidamente: se habla de un 90% de eficacia de la vacuna a los dos meses de vacunarse, pero, ¿qué ocurrirá a los seis meses o más adelante? Además el virus puede mutar, y cabe la posibilidad de que se generen enfermedades autoinmunes en los vacunados.

Es significativo que los laboratorios Sanofi y GlaxoSmithKline han retrasado el lanzamiento de su vacuna a finales de 2021, un año más tarde de lo anunciado, por la necesidad avanzar en las fases siguiendo los pasos apropiados

A su vez, la empresa biotecnológica australiana CSL ha anunciado la suspensión de las pruebas de la vacuna que desarrolla con la Universidad de Queensland debido a que en las pruebas realizadas «los datos revelaron que los anticuerpos que se desarrollaron en este proceso habían interferido con el diagnóstico de VIH, abriendo paso a que se dieran falsos positivos» (17.12.20).

Abdeljabar el Andaloussi, profesor e investigador en inmunología y enfermedades infecciosas en la Universidad de Illinois (Chicago), cree que «hay que evitar toda vacuna vírica atenuada», como las de Sinopharm y Pfizer. Aconseja «dar tiempo a los ensayos clínicos en curso y esperar al menos un año para el seguimiento del estado de salud de los voluntarios y abandonar esta rabia de vacunación masiva y obligatoria» (20.11.20).

5. ¿Garantizan la inmunidad las vacunas contra la covid-19?

Margarita del Val, viróloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), declaró: «Yo todavía no veo nada de luz, se ha avanzado un poquito, pero en realidad lo que han podido ver estas dos compañías cuando se analiza es que de lo que protegen las vacunas tanto de Moderna como Pfizer es de los casos leves y moderados de covid-19. Estas vacunas no garantizan, de momento, que vayan a proteger de lo que nos interesa de verdad: los síntomas graves y la muerte. Yo no estoy nada entusiasmada, al contrario. Estoy un poco molesta porque estas precisiones no se han hecho. Siento ser tan pesimista, pero llevo toda mi vida en vacunas y a mí esto no me convence para nada» (17.11.20).

También dijo que «todavía no sabemos si es posible tener una inmunidad de grupo, no tenemos ni idea. Para tener una inmunidad de grupo tendríamos que tener una vacuna o una infección natural que protegiese del contagio. Eso todavía no se ha mirado con las vacunas». Su argumento es que, como aún se desconoce si las vacunas protegen del contagio de coronavirus, «mientras no lo sepamos no podemos hablar de inmunidad de grupo» (11.12.20).

6. ¿Es fiable la vacuna de Pfizer?

«Los resultados [de Pfizer-BioNTech], que son los primeros de cualquier ensayo de fase III de una vacuna Covid-19, se han compartido solo mediante un comunicado de prensa y aún no se han publicado ni revisado por pares. Los expertos acogieron con agrado la noticia, pero enfatizaron la importancia de ver los resultados completos y comprender muchos de los detalles que aún no se han hecho públicos, incluidos los detalles demográficos de los participantes y la gravedad de los casos informados en el ensayo» (British Medical Journal, 9.11.20).

Miguel Ángel Martín de la Nava, farmacéutico del Sistema Extremeño de Salud, tras analizar el documento elaborado para los profesionales de salud del Reino Unido sobre la vacuna de Pfizer-BioNTech, informaba el 6 de diciembre de 2020 de que:

  • Aún no se ha establecido la seguridad y eficacia de la vacuna de ARNm de COVID-19 BNT162b2 en niños menores de 16 años.
  • Las personas que reciben terapia anticoagulante o aquellas con un trastorno hemorrágico que contraindicaría la inyección intramuscular no deben recibir la vacuna a menos que el beneficio potencial supere claramente el riesgo de administración.
  • Las personas inmunodeprimidas, incluidas las que reciben terapia inmunosupresora, pueden tener una respuesta inmunitaria disminuida a la vacuna.
  • No hay, o hay una cantidad limitada de datos sobre el uso de la vacuna de ARNm de COVID-19 BNT162b2 en personas que han recibido previamente una serie de vacunas combinadas con otra vacuna de COVID-19.
  • No hay datos disponibles sobre la intercambiabilidad de la vacuna de ARNm de COVID-19 BNT162b2 con otras vacunas de COVID-19 para completar la serie de vacunación.
  • No se han completado los estudios de toxicidad reproductiva en animales.
  • No se recomienda la vacuna BNT162b2 durante el embarazo ni debe usarse durante la lactancia.
  • En las mujeres en edad fértil se debe excluir el embarazo antes de la vacunación. Además, se debe advertir a las mujeres en edad fértil que eviten el embarazo durante al menos 2 meses después de la segunda dosis.
  • Se desconoce si la vacuna de ARNm de COVID-19 BNT162b2 tiene impacto en la fertilidad.
  • La vacuna prevendría un caso leve-moderado por cada 119 vacunados. Por tanto, los otros 118 vacunados probablemente se expondrán a los posibles efectos adversos sin obtener beneficio.
  • No existen datos de eficacia en la prevención de enfermedades graves (hospitalizaciones, ingreso en UCI) o mortalidad.
  • Se incluyeron individuos mayores de 12 años, pero los resultados solo se dan en los mayores de 16 años.

«Para poder evaluar los datos relacionados con la calidad, seguridad y eficacia de un medicamento, es necesario que el laboratorio facilite toda la documentación al finalizar el proceso de investigación. El problema es […] la figura jurídica del “secreto comercial”. La EMA [Agencia Europea del Medicamento] se fía de la documentación que le entrega el laboratorio. No hay un proceso de certificación de veracidad. Es responsabilidad del laboratorio entregar los datos correctos. Pero, ¿quién puede confiar en una farmacéutica con el historial de Pfizer?» (Miguel Jara).

7. Atendiendo a su historial, ¿podemos confiar en Pfizer?

La trayectoria de Pfizer está repleta de irregularidades, engaños y atentados contra la salud pública:

Pfizer afrontó el pago de 339 millones de euros para evitar ser juzgada por presuntos pagos a médicos para que éstos recetaran sus fármacos (2004).

Pfizer manipuló los resultados de sus ensayos clínicos para intentar mejorarlos, según un artículo en el New England Journal of Medicine, que denuncia que la compañía cambió los objetivos iniciales de ocho estudios para incluir otros que resultaban más beneficiosos para su medicamento contra la epilepsia Neurontin. Los autores, de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, concluyen que los apaños cuestionan la validez de los estudios (2009).

Pfizer negoció con el gobierno de Nigeria un acuerdo para evitar un juicio por la muerte de once niños en el país africano y las secuelas causadas en decenas de ellos al ser utilizados como cobayas humanos para un medicamento llamado Trovan (2010).

Pfizer acordó pagar varias multas por valor de más de 60 millones de dólares por sobornar a médicos, reguladores y funcionarios (2012).

Dos lotes de uno de los productos que comercializaba Pfizer fueron retirados del mercado español tras detectarse un problema en los controles de seguridad (2017).

Pfizer ocultó que uno de sus medicamentos podía ser eficaz contra el alzhéimer, información muy relevante para el tratamiento de esta enfermedad. Algunos investigadores sospecharon que la farmacéutica no inició esta investigación porque los beneficios económicos habrían sido bajos debido a la competencia que habría tenido con las versiones genéricas (2019).

«El mismo día que se informó sobre la disponibilidad y eficacia de la vacuna contra la Covid-19 por Pfizer, a pesar de que el ensayo clínico no ha finalizado, el señor Albert Bourla, presidente de Pfizer, vendió el 61,8% de sus acciones en la compañía (132.508), por un precio de 4,73 millones de euros. Resulta sorprendente que ante la inminente comercialización de un producto tan “prometedor” según sus fabricantes –lo cual lleva a pensar en las altas expectativas de que las acciones vayan subiendo de forma progresiva– el principal ejecutivo de la compañía venda la mayoría de las que tiene aprovechando el tirón del momento. ¿Quizás esa operación tiene que ver con que el producto no es tan eficaz y exento de efectos secundarios como dicen, y que cuando estos empiecen a aparecer conduzcan a las consiguientes reclamaciones que pongan en riesgo el patrimonio de los ejecutivos de la farmacéutica?» (15.11.20).

Este tipo de historial no es exclusivo de Pfizer: los gigantes farmacéuticos como GlaxoSmithKline, Johnson & Johnson, Abbott y AstraZeneca acumulan 196 multas supermillonarias por sobornos y fraudes en masa. No es de extrañar que a este conglomerado se le conozca como “la FarMafia”. Y son estos quienes están fabricando las vacunas que se pretende inyectar a toda la población mundial.

8. Las farmacéuticas, libres de responsabilidad si las vacunas provocan daños

Se suele defender las vacunas exprés con el siguiente argumento: una empresa farmacéutica no pondría en juego su prestigio produciendo una vacuna que pudiera ocasionar daños. Pero ya hemos visto que las empresas del Big Pharma han transgredido sistemática y conscientemente principios éticos y legales: son transnacionales poderosísimas, cuentan con los mejores abogados, y en caso de que se demuestre su responsabilidad en daños provocados pueden llegar a acuerdos con las víctimas y aun así seguir obteniendo beneficios gigantescos, como ya han hecho anteriormente.

Para colmo, en el contexto de la pandemia actual las farmacéuticas han conseguido quedar exentas de responsabilidad en caso de daños provocados por sus vacunas. «En Estados Unidos las farmacéuticas están exentas de responsabilidad civil en caso de que haya problemas de seguridad con el producto si este se usa dentro de una autorización de uso de emergencia (EUA)». «Los requisitos de la EUA son menos exigentes que el proceso de aprobación normal y puede ocurrir que productos aprobados bajo la EUA no lleguen a pasar el proceso normal» (15.9.20).

En Europa se «ha puesto en marcha una autorización por la vía rápida para tratamientos y vacunas contra la covid-19. Con este método, se acelera la aprobación sin disminuir los requisitos necesarios habituales ni ofrecer amparo legal a las farmacéuticas. Esta situación no es del agrado del sector farmacéutico, que ha solicitado que Europa imite el sistema EUA de Estados Unidos para que así estén protegidos frente a posibles demandas por las vacunas contra la covid-19». Así que «a principios de septiembre, España y el resto de los países de la Unión Europea anunciaron que abonarían a los laboratorios las posibles indemnizaciones a las que se tengan que enfrentar las farmacéuticas si aparecen efectos indeseados o inesperados por las vacunas contra el coronavirus tras su comercialización».

Fuentes de la propia Comisión Europea revelan que la fabricación de vacunas se está haciendo en condiciones precipitadas, dando a entender que precisamente por eso podría haber efectos indeseables: «Los fabricantes de vacunas están produciendo mucho más rápido que en circunstancias normales, hablamos de 12-18 meses en lugar de una década o más», explican desde la institución europea. Los países han metido prisa a las farmacéuticas y por eso «están dispuestos a cubrir financieramente algunos de los riesgos de las empresas para garantizar que las vacunas estén realmente disponibles para los ciudadanos de la UE» (13.11.20).

No es la única modificación en las leyes: «La Comisión Europea está trabajando en un plan de modificar la Directiva y Reglamentos relativos a la liberación de organismos genéticamente modificados para su empleo en ensayos clínicos y luchar contra el coronavirus, sin contar con las medidas ordinarias de seguridad ambiental y para los seres humanos» (Luis de Miguel, abogado).

9. ¿Son aceptables las modificaciones legislativas que se están produciendo en la Unión Europea?

Informa el abogado Luis de Miguel de que el ministro de Sanidad de España «reconoce que el 2 de febrero entró en contacto con expertos para investigar sobre una vacuna y para hacer cambios legislativos que la favoreciesen (un mes y medio antes del estado de alarma), y los cambios legislativos se “hicieron” mucho antes que la declaración de alarma, en aquellos días donde era imposible que hubiese contagios y mucho menos muertes en España».

En marzo de 2020 se aprueba en España el Real Decreto Ley 8/2020 de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social de la covid-19 que establece la «autorización para el desarrollo de actividades de utilización confinada y liberación voluntaria con organismos modificados genéticamente».

El 10 de julio de 2020 se debaten y votan en el Parlamento Europeo varias propuestas relativas a la covid-19. Se presenta la propuesta de reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo relativo a la realización de ensayos clínicos y al suministro de medicamentos de uso humano que contengan organismos modificados genéticamente o estén compuestos por estos organismos, destinados a tratar o prevenir la enfermedad coronavírica. Estos experimentos pueden «iniciarse rápidamente en ausencia de una evaluación del riesgo medioambiental o de una autorización previas».

Los parlamentarios europeos que apoyaron esta modificación en ningún momento hicieron una defensa de la «libertad de investigación, de garantías, de seguridad, de eficacia demostrada, de libertades de profesionales y pacientes». Todo su interés estuvo en establecer una cartilla de vacunación europea.

Están acelerándose a espaldas de la ciudadanía cambios legislativos que afectan a la investigación, a la fabricación, a la compra y a la distribución de vacunas. «Este fabuloso despliegue de actuaciones y movimientos de la comunidad internacional, con su panoplia de instrumentos estratégicos, fondos, operaciones de compra y normas de nivel supranacional y nacional, se está desarrollando sin absolutamente ningún debate científico y social, sin consulta poblacional alguna, con la simple concertación entre partidos con representación y sobre la base de criterios restringidos a asesoramientos opacos y sin control social ex ante ni ex post alguno» (Mathilde Savir).

10. ¿Quieren que estemos toda la vida vacunándonos contra la covid-19?

El 14 de noviembre el jefe del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EEUU (NIAID), Anthony Fauci, uno de los principales promotores de la vacunación, advirtió de que la inmunidad que proporcionarán las vacunas contra la Covid-19 puede decaer en uno o dos años, por lo que sería necesario «volver a vacunarse» cada cierto tiempo. «Esto podría convertirse en endémico y podría ser necesario volver a vacunarse de manera intermitente

¿No suena demasiado a un plan para: 1) perpetuar el negocio de las vacunas financiadas por el sector público; y 2) mantener a la población en una situación de sometimiento a directrices sanitarias tomadas desde el poder?

11. Efectos de la vacuna contra la gripe A en 2009

En Suecia las autoridades sanitarias instaron en 2009 a su población a vacunarse voluntariamente con la vacuna Pamdemrix de GlaxoSmithKline (GSK) contra la gripe A o H1N1, en concreto el subtipo de la gripe porcina (26.11.20). Más del 60 % de la población, la mayoría niños, recibieron la vacuna. En Europa al menos 800 niños enfermaron a causa de la vacuna. Fue retirada cuando se detectó que esta pudo causar narcolepsia en aproximadamente una de cada 16.000 personas inyectadas, y muchas más presentaron síntomas (la narcolepsia es una afección permanente que provoca sueño constantemente y en algunos pesadillas nocturnas y problemas con el control de los músculos, la llamada cataplejía, que puede llevar al colapso).

En el Reino Unido fue el gobierno (y no GSK) el que terminó pagando los daños cerebrales a causa de la vacuna aplicada a los niños.

En Canadá se entregó a las autoridades sanitarias la vacuna ArepandrixTM elaborada por GSK en menos de cuatro meses. Muchas personas enfermaron después de recibirla. Al menos una niña murió.

La exageración de los medios de comunicación fue clave para apoyar la vacuna de Big Pharma contra la gripe A; también lo fue la administración de Obama, desde la que se dijo: «La gripe porcina podría afectar hasta un 40% de los estadounidenses en los próximos dos años y varios cientos de miles podrían morir si no tienen éxito una campaña de vacuna y otras medidas».

Los gobiernos compraron millones de dosis de vacunas, gran parte de las cuales acabaron siendo destruidas. Fue una estafa multimillonaria avalada en Estados Unidos por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas encabezado por Anthony Fauci.

12. ¿Es posible que tantas autoridades políticas y sanitarias estén equivocadas en la defensa de la vacuna?

El British Medical Journal descubrió que las posiciones de la Organización Mundial de la Salud sobre el uso de medicamentos antivirales fueron preparadas por expertos que habían recibido honorarios de consultoría de los dos principales fabricantes de estos medicamentos, Roche y GlaxoSmithKline (4.5.20).

La OMS es un organismo financiado y controlado por las grandes farmacéuticas, por lo que no sorprende que sus líneas de actuación respondan a los intereses de estas. Lo mismo se puede decir de los “comités de expertos” que establecen las pautas para la mayoría de los gobiernos.

Como explica Mathilde Savir, el filósofo Karl Popper hablaba «de estratagemas inmunizadoras con las que los científicos protegen su hipótesis de la contrastación empírica. De forma que si los hechos invalidan una teoría o una parte de ella, si no hay publicada una teoría alternativa, la tendencia es mantenerla y formular publicaciones ad hoc que den alguna razón específica de por qué sirve ese hecho que refuta la teoría y así mantenerla contra viento y marea. […]

»En nombre del derecho a la vida, a la salud, estamos viviendo un recorte tal de derechos y libertades que no son pocas las personas –incluso activistas defensores de los derechos humanos y conocedores del derecho– que, inmersas en una especie de resignación y ante las graves repercusiones económicas que toda esta situación está provocando, están no sólo dispuestas a ponerse libremente vacunas cuyos efectos en el mediano y largo plazos se desconocen, sino a aceptar que la inoculación de las mismas sea obligatoria

13. ¿Qué importancia tiene la libertad de decidir sobre si ponerse la vacuna o no?

Según Mathilde Savir «la vacunación recae sobre una de las expresiones básicas de la libertad del ser humano, la de decidir sobre su propio cuerpo, y como paciente ante un acto médico la persona está en plena libertad para decidir la aceptación o denegación de cualquier procedimiento, ya que su elección constituye uno de los pilares del derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la elección de un proyecto de vida autónomo».

El Convenio de Oviedo de 1996 para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina, ratificado por España y en vigor desde 2000, establece en su artículo 2: «El interés y el bienestar del ser humano deberán prevalecer sobre el interés exclusivo de la sociedad o de la ciencia». Y en el artículo 5 se establece que «una intervención en el ámbito de la sanidad sólo podrá efectuarse después de que la persona afectada haya dado su libre e informado consentimiento. Dicha persona deberá recibir previamente una información adecuada acerca de la finalidad y la naturaleza de la intervención, así como sobre sus riesgos y consecuencias. En cualquier momento la persona afectada podrá retirar libremente su consentimiento».

14. Conclusiones

A la luz de todos estos datos, es evidente que las actuales vacunas contra la covid-19 presentan demasiadas sombras como para ser consideradas fiables. Muchos preguntan: Si la vacuna no es la solución, ¿qué alternativa hay? Pero esa pregunta está mal planteada, pues es más que cuestionable que la vacunación masiva sea una solución (entre otras razones, porque el virus puede mutar, y la vacunación contra él no ser efectiva). Son los defensores de las vacunas quienes deben demostrar (y no lo han hecho) que estas van a salvar a la humanidad de la covid-19. De momento, no parece que sean las vacunas las que vayan a lograr la inmunidad global, y además hay muchas posibilidades de que estas generen multitud de problemas sanitarios.

Por ello, los gobiernos de ningún modo pueden obligar a la población a inyectarse estas vacunas, ni deben presionar a las personas a ponérselas amenazándolas con perder sus puestos de trabajo, prohibirles el acceso a determinados espacios o, en definitiva, convertirlos en ciudadanos de segunda categoría, estigmatizados por el sistema.

Tener prevención hacia las vacunas contra la covid-19 no implica ser antivacunas. Muchos opositores a la vacunación obligatoria nos hemos puesto (nosotros y nuestros hijos) las vacunas reglamentarias, pertenecientes a la primera y la segunda generación y suficientemente probadas. Pero creemos que las vacunas génicas de tercera generación no ofrecen garantías, y menos si se aprueban en procedimientos exprés.

Si alguien es partidario de la vacuna y quiere ponérsela, de ningún modo debe caer en el absurdo de pensar que quienes no se la inyectan son peligrosos para el resto. Desde su propia fe en la vacuna el argumento no se sostiene. A fin de cuentas, es una decisión entre dos opciones: ponerte la vacuna porque crees que te protege del virus, o no ponértela porque crees que puede ser incluso peor que la covid-19. De modo que:

1) Si tienes miedo al virus, confías en que la vacuna te protege de él y te la pones, no deberías temer (ni siquiera preocuparte) si los demás se la ponen o no: se supone que ya tienes tu protección, ¿no?

2) Si, basándote en informaciones como las expuestas en este artículo, tienes más miedo a la vacuna que al virus, nadie debe presionarte para que te la pongas.

En ambos casos, cada cual asume las consecuencias: si en el caso 1 la vacuna te provoca daños, es un riesgo que has asumido. Si en el caso 2 el virus te provoca daños, lo mismo. Pero, ante todo, cada persona debe ser libre para elegir si se pone la vacuna o no.

Nota: Las negritas de las citas son siempre añadidas.

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2 comentarios en “¿Son fiables las vacunas contra la covid-19?”

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